
sábado, 18 de octubre de 2008
Dar por dar

viernes, 25 de julio de 2008
jueves, 29 de mayo de 2008
de - mentes...
Antes de la identificación atómica del hidrógeno y el oxígeno, el agua era tan sólo un líquido que se encontraba en la naturaleza, con la mayor vulgaridad, pero pronto se advirtió que en un medio muy frío el agua se convierte en sólido o en polvo, mientras que sometida al calor se transforma en
vapor. Más tarde, al conocer su composición molecular, debió de extrañar cómo de dos átomos de un gas (hidrógeno) y uno de otro gas (oxígeno) emergía un producto totalmente distinto: el Agua.Aceptando que es un ejemplo muy simplificador, puede ser útil para comprender lo que aún hoy no conocemos: cómo de unas moléculas, y unas redes neuronales puede emerger un deseo, un sentimiento o una melodía musical. No se trata de "reducir" la actividad cognitiva a la interacción molecular.
La conginción (la conciencia) no es otra cosa que esta interacción molecular. El hambre es la excitación de unas neuronas del hipotálamo, de forma parecida a como un deseo, un recuerdo o una música son la excitación sincrónica de unos cuantos miles de neuronas del córtex. Así de simple, de complejo y de bello. ¿Que mejor que la naturaleza física alcance el encanto, la eficacia y el esplendor de la función mental?"
Nolasc Acarín Tusell, "el cerebro del rey"
sábado, 16 de febrero de 2008
jueves, 24 de enero de 2008
La cualidad misteriosa.

sábado, 5 de enero de 2008
Distintos, pero iguales....

Pensaba en eso de la diversidad, y resulta paradójicamente difícil poder definirla.
El ser humano, fluye en un accionar conductual, enmarcado en la Cultura a la que pertenece. Sin embargo, por mucho que disten las cuestiones culturales en el planeta, según reconocidos antropólogos, existen características originales que definen al humano como tal y lo clasifican con el sello de la especie, distinguiéndolo inevitablemente del resto de los seres del reino animal.
1.-Distinción de los colores y visión tridimensional.
2.-Aparato emocional como estímulo para el aprendizaje y la conducta.
3.-Lenguaje verbal simbólico.
4.-Capacidades para la planificación logística y la responsabilidad.
5.-Bipedestación, mano prensil y oposición del pulgar.
6.-Coordinación visión-cerebro-mano.
7.-Expresión facial de la emoción.
Con respecto a éste último punto, nadie duda de que todos los humanos desarrollan conductas similares ante estímulos que se descifren como dolorosos, alegres, tristes, asquerosos, temerosos, etc: todas estas reacciones están codificadas bajo un patrón común y preestablecido que se evidencia ante el estímulo correspondiente: por supuesto, solo si es posible llevar a cabo una perfecta coordinación entre las descargas de las neuronas motoras corticales si estas se encuentran íntegras, si además son capaces de transmitir el estímulo a los músculos faciales, y además si éstos tienen la capacidad de contraerse o relajarse según sea necesario.
La distinción de los colores y visión tridimensional, que también constituye un rasgo distintivo, también es condicionada por la integridad y salud de los ojos, los nervios oculares, y el cerebro que descifre la información, la ordene, la integre y la interprete. También toda esta escena es imperiosamente necesaria para la coordinación visión-cerebro-mano, además de unas manos sanas, brazos que puedan cumplir con el pedido cerebral, músculos competentes y aprendizaje adecuado.
Tan necesaria es la mano a la actividad prensil, como lo son las piernas a la bipedestación, además de la columna, médula, músculos de la espalda y tórax, cervicales, etc, etc.
Durante años al igual que, supongo, muchos otros, me he preguntado qué define al humano. Por más que relea listas inmensas de características y cualidades, siempre encuentro que seres humanos que he conocido, quedan fuera de esas condiciones.
¿Es la diversidad, entonces, nuestro rasgo en común? Quizá, siquiera, diversidad y similitud, sean vicariantes sistémicas, necesariamente paradojales.
jueves, 27 de diciembre de 2007
El cerebro del rey.

miércoles, 26 de diciembre de 2007
Gracias Bebé.

Llegaste hasta aquí malherido, y no supe hacer otra cosa que cuidarte. Y aunque me haya enojado preguntándome de quien habría sido el arma que te dañe, supiste abrir los ojos y hacerme comprender que no existía odio en tu mirada: que el destino tenía tu perdón.
Le hicimos frente a la tormenta y aunque ese presente se haya mostrado como un mar embravecido, de olas inmensas y ráfagas potentes de viento, el solo latir de tu corazón, evitó que olvidara que siempre existe la esperanza de que llegue la calma: yo nunca bajaría los brazos.
Así te cobijé, celosamente, todo el temporal.
Finalmente, aún luego de la oscuridad y el frío de la noche, resplandeció en el horizonte el sol de un nuevo día: la claridad había llegado, las nubes se deshacían entre los rayos de tu sol.
Fué ahí, en ese preciso momento, cuando quienes te regalaron la vida dibujaron una sonrisa en sus caras y aliviaron las tensiones: cuando el agua de tus mares se volvieron mansas, y una brisa tranquila comenzó a pasear por los jardines de tu cuerpo.
Todo vale la pena, todo cobra sentido mágicamente cuando te veo crecer y reponer energía. Han sido duros los primeros pasos para vos, pero, aunque me resulte increíble, ni siquiera así dejaste de lado tu valentía: no solo te hiciste fuerte ante la tempestad, sino que también regalaste un sentido a mi quehacer.
Hoy quiero agradecerte, bebé, que me hayas permitido ayudarte, que todos los días me reconfortes en el placer inmenso de sostener tu manito, que hayas recibido en depósito una parte de mis esperanzas.
Y cuando el tiempo pase, y tus alas estén grandes y fuertes, vas a desplegarlas y agitarlas con fuerza hasta remontar vuelo: dos ángeles guardianes tendrás que con dedicación habrán aprendido el oficio de ser los centinelas de tus sueños y los cuidadores de tu corazón.
Cuando ese día llegue, voy a extrañarte mucho bebé, pero me alegraré como nunca hasta entonces: sentiré en mi corazón, la infinita alegría que solo tu sonrisa saludable y aliviada me sabe dar. Gracias.


